jueves, 24 de mayo de 2007

José Emilio Pacheco

Hace 20 años conocí a JEP, como se le conoce popularmente: al terminar la última conferencia de su ciclo anual en El Colegio Nacional, un grupo de admiradores lo invitamos a comer a la Hostería de Santo Domingo y aceptó. Personalmente estaba muy emocionado y pensé que era la única vez que lo vería, así que después de disfrutar de los chiles en nogada, mientras tomábamos una cervezas, le pregunté algo porque en sus textos me daba la impresión de que lo sabía todo:
--¿Qué piensa del futuro de México?
--No sé. Es imposible predecir algo. ¿Quién pudo adivinar que caería el muro de Berlín?
Decidí mostrarle unos poemas para que me diera su opinión, sobre la mesa los corrigió...
Desde entonces, cuando daba una conferencia, yo lo esperaba al final y el accedía a corregir mis textos.
Esta situación duró años, por esta razón todos los libros que publico están dedicados a él.

Hablar de la obra de JEP es hacerlo de un tema muy extenso. Sólo los libros de poesía suman diez: siempre trata el mismo tema, la decadencia de la ciudad de México, algunas particularidades de la vida de los animales, algún gesto que lo decepciona de la vida real.
En prosa me impresionó la estructura de "Ojala estuvieras aquí", novelita que habla del Fascismo. Son más famosas "Las batallas en el desierto" y "El principio del placer", ambas autobiográficas, narran su infancia en la Ciudad de México y la pubertad en Veracruz, respectivamente.
Algunos lectores admiran más su obra como ensayista: cada semana escribe en la revista Proceso acerca de un tema actual o histórico. Su libro sobre "Introducción al modernismo" es un clásico en la carrera de Letras Hispánicas.

El último ciclo de conferencias en el Colegio Nacional, en octubre del año pasado, se refirió a dos poetas mexicanos: Amado Nervo y Manuel José Othón. En otras ocasiones ha hablado de Borges, de Neruda, etc.
Ahora sólo puedo platicar con él en público, cuando al final de la conferencia pide la participación de los asistentes...
En este momento imagino un día en su vida: se levanta tarde porque el día anterior trabajó hasta muy noche, de inmediato lee los periódicos y revistas que llegaron muy temprano a su casa, después revisa su correo eléctronico y contesta algunos mensajes, después retoma los textos que dejó pendientes el día anterior, después toma el libro que está leyendo y relee la página en que lo dejó el día anterior, después trabja de una manera creativa, es decir escribe poesía o prosa hasta que lo rinde el cansancio. No sólo JEP vive así, sino todos los grandes escritores de nuestro país, lo cual es motivo de una inmensa alegría. Es significativo que el escritor piense primero en su obra y después en la familia, la diversión, los amigos, etc, como lo hace el común de la gente. La obsesión de todo escritor es el lenguaje.