--¿Cómo escribes, cuándo?-- A veces me preguntan, he aquí mi procedimiento:
Veo una flor y siento una emoción particular: la forma de la flor y su color me provocan una sensación; reconozco a la flor como perteneciente a las rosas; establezco una conexión con ella, preguntándome qué siento ante su belleza y qué relación tiene ella con los demás elementos de la naturaleza, incluyendo los celestes; concentro mi atención; trato de establecer un contacto emocional: ¿qué siento, qué me recuerda, qué es o que representa para mí? Cuando logro asociar la imagen con la emoción, la guardo en la memoria, posteriormente,voy redactando mentalmente el texto; transcibiré tres poemas del libro "En el ojo de la gaviota":
1
La violeta
de blancos pistilos
muere cada día
en el jardín de la vida
2
Cuando la roja flor de tu vida
se oscurece
no sabes si la tristeza te invade
o la muerte.
3
Gota de rocío:
¡Cielo florido!
Una flor puede representar la vida, la muerte o el cielo porque todo está conectado con todo: nuestra vida con las estrellas, los niños con el universo... La poesía enriquece el significado de la naturaleza, y de paso, nos enriquece a nosotros, autores y lectores.
Regresando al título, recordemos que hay emociones positivas y negativas; oímos hablar con frecuencia, de personas negativas, irascibles, incapaces de controlar su agresividad, "Seré yo una de ellas", me pregunto y releo la clasificación de los estados aflictivos que ennumera el Dalai Lama:
De la ira se deriva la furia, el resentimiento, el despecho, la envidia, los celos y la crueldad. Si estoy enojado por una situación o una persona me puedo poner furioso o dar paso al resentimiento... hasta llegar a la crueldad, que todos hemos presenciado en los pleitos callejeros de palabra o físicos.
El Dalai Lama recomienda no fomentar estas actitudes que crean sufrimiento, recomienda que cultivemos el amor al prójimo, en su lugar.
martes, 19 de junio de 2007
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)