La mayoría de las personas prefiere leer poemas que hablan del sufrimiento, la tristeza y la desgracia: "Yo no puedo tenerte ni dejarte" (Sor Juana Inés de la Cruz); "Desde el fondo de tí y arrodillado" (Neruda); "Yo nací un día / que Dios estuvo enfermo" (Vallejo); "Fuensanta, tú conoces el mar / dicen que es menos hondo / y menos negro que el pesar" (López Velarde)... Las religiones también dicen que venimos a sufrir para ganarnos un lugar en el más allá. Lo anterior viene al caso porque, como dije antes, el lado negativo del hombre le gana la batalla cotidiana a lo positivo. Personalmente me interesa escribir poemas que hablen de la belleza de las emociones, del amor a la vida, sin embargo, para lograrlo debo cultivar el amor y la bondad cada día, además de:
El vigor: la disciplina mental para no perder el tiempo de mi vida, aprovecharlo lo mejor posible; la fuerza de la mente para no dejarse arrastrar por la depresión sino por el optimismo en los momentos de crisis.
La flexibilidad: el cuerpo y la mente tienen hábitos, rutinas, debido a la falta de flexibilidad de nuestra mente; una mente flexible es aquélla que no pierde de vista su objetivo de lograr una mente serena, ecuánime y bondadosa.
El cuidado: nuestro cuerpo está sujeto a múltiples complicaciones, es nuestra responsabilidad mantenerlo en las mejores condiciones, eso limpia la mente.
Pasemos ahora a las emociones que nos perjudican y debemos eliminar:
La pretensión: aparentar ser un superior, sin serlo. Ayer tuve un vivo ejemplo de lo anterior en un centro comercial: un sujeto se paseaba, en el área de libros y revistas, a grandes pasos y hablaba en voz alta por el celular dando gran importancia a sus palabras, terminaba y marcaba otro número, repetía el monólogo... Lo repitió durante media hora, así que lo aprendi de memoria, cuando salí, él seguía caminando y hablando; estos seres me despiertan una mezcla de compasión y tristeza. Un ser superior no necesita aparentarlo, es superior porque trabaja en eso.
El engreímiento: la necedad ante quien le demuestra a uno que no tiene la razón, aferrarse a una actitud absurda y negativa, sabiendo que se está ganando la antipatía de los demás: un padre que agredió a su hijo en plena calle, hace unos días, para que no volviera a desobedecer sus órdenes.
La desvergüenza: cometer actos indebidos y aparentar orgullo por eso.
La decisión de trabajar sobre mí mismo para escribir cierto tipo de poesía es personal, pero otra persona puede decidir lo contrario, parafraseando a Emiliano Zapata "La mente es de quien la trabaja".
miércoles, 27 de junio de 2007
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