En 1975 entré a estudiar Letras Hispánicas en la UNAM, mis condiscípulos y yo formabamos un grupo de cincuenta; el profesor con más fama y renombre era Mauricio González de la Garza, Licenciado en Psicología, Filosofía e Hispánicas, aparte de una maestría; Mauricio nos dejaba leer un libro cada semana, por lo tanto, cada semana había examen; al final del semestre quedamos quince. Germán Dehesa era otro profesor, divertido y enterado, así que algunos nos inscribimos con él a lo largo de los diez semestres de la carrera; Germán era, además exigente, aunque no tanto como González de la Garza.
Hace treinta y dos años que conozco a Dehesa y aún lo veo como a un maestro: ha formadoa a varias generaciones aparte de la mía; dejó la cátedra en los años ochenta, fundó un grupo de teatro, alquiló un local en la colonia Romero de Terreros, donde dio cursos de Literatura y de Redacción durante el día; funciones en la noche. Recuerdo que Carlos Salinas de Gortarí, Presidente del país y asesino nato, llegó una noche para ver la obra que lo ridiculizaba, los actores se negaba a salir al escenario por miedo hasta que Germán los convenció, Salinas disfruto como enano la función porque se sabía impune; así de difícil ha sido siempre su relación con los Presidentes porque empezó escribir una columna en Novedades criticando al gobierno y hablando de todo en forma divertida y luego la continuó en el diario Reforma, prácticamente, obligó a los lectores de periódico a leer su columna, "La gaceta del Ángel", el nombre alude a las publicaciones de la época de la Reforma y al monumento más famoso de México. Hace unos meses, comentó que recibiría un premio en Nueva York por ser el periodista más leído en América Latina, premio al que no cencedió la menor importancia.
Germán es un hombre "hecho de una pieza", su actitud ha sido invariable a través de los años: crítica e independiente, es decir, admirable, en un país en donde los políticos tiene como única meta obtener dinero, excepciones conocidas.
Una vez terminada la carrera, llevé a Germán mis textos para ser corregidos: sus observaciones eran mínimas, pero durante años jamás se negó; al paso de los treinta y tantos años de conocernos, él me considera su amigo y por esa razón escribió el prólogo de mi último libro, "Luna bajo el árbol".
Entre mis condiscípulos de la Facultad de Filosofía y Letras, tienen cierto renombre Javier Contreras y Alberto Paredes. Germán siempre ha querido publicar una novela pero no tiene tiempo porque actualmente tiene un programa de radio e imparte un curso los martes al medio día, al cual asisto, apenas nos damos un saludo y un abrazo:
--¿Cómo vas poeta?-- me dice.
--Bien.-- contesto y me pongo a pensar que, últimamente, no me llegan ideas a la cabeza.
Cuando pienso en Germán, pienso en la UNAM y al revés.
lunes, 28 de mayo de 2007
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