Las preguntas que se hace la ciencia hoy, son las mismas que se hizo la Filosofía griega y la Oriental en sus inicios: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? Los hombres, atormentados por encontrar la respuesta a tales cuestiones, recurren a la metafísica, la religión, a cualquier forma de leer el incierto futuro (tarot, baraja española, palma de la mano, residuos del café), este inicio de siglo; faltan líderes espirituales: no se ve por ningún lado a un orientador social, nacional o universal; el último fue Gandhi, el formador de la actual India. Ahora la ciencia se acerca, poco a poco, a responder esas grandes cuestiones, con la ventaja de que sus investigaciones son totalmente verificables en un laboratorio. Tres son las grandes vertientes científicas: el origen del universo, el genoma y el cerebro humano. El lector interesado puede comprar libros donde explican que el tiempo no existe, sino como manifestación del espacio; que el universo tuvo un principio y tendrá un fin, como materia que es; que las células madre pueden eliminar las enfermedades de las próximas generaciones... De esto hemos hablado y seguiremos, de una manera más ordenada, como quiere mi amigo. Lector curioso, me doy cuenta de mi insignificancia cuando leo sobre tales vertientes, contínuamente miro hacia el cielo, de ahí este poema de "Luna bajo el árbol":
Un pequeño planeta
en la orilla del universo:
yo.
Sé que los planetas están hechos de materia, constituídos por átomos, como yo. También sé que el sol no se va a acabar dentro de 50 años, que el hombre no puede acercarse al sol y mucho menos reactivarlo con una bomba. (Quizá con una mejor educación los mexicanos no nos tragaríamos ninguna película yanki, las compañías cinematográficas quebrarían.) Mi nieta ignora que la película de la que se salió, es cine comercial, norteamericano. El cine como arte, expresión de la verdad y la belleza, difícilmente podrán hacerlo los norteamericanos. (A propósito los criterios de verdad y belleza son para cualquier arte.) Las dos últimas películas norteamericanas que vi: "En busca de la felicidad" y "Shortbus" (vi es un decir: en cuanto me doy cuenta de su tema, las apago) reflejan la valores: el dinero, las drogas y las perversiones sexuales, es decir, como sociedad están en un callejón sin salida; afortunadamente, aún no es el caso de México, creo. En los puestos de películas pirata busco películas chinas desde que vi "Héroe", "La casa de los cuchillos largos", "El duelo" y "La maldición de la flor dorada". El cine chino es infinitamente superior: ahí no luchan las personas, luchan pueblos enteros por una causa, son películas épicas como las obras de Homero (La Iliada y La Odisea), donde el hombre pasa, de ser común y corriente, a un estado superior, física, mental y socialmente.
viernes, 4 de mayo de 2007
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