Ayer iba en el tren ligero que une a Xochimilco, mi pueblote, con la ciudad. Una joven guapísima iba frente a mí y no podía quitarle la vista de encima; a mi izquierda un hombre maduro y medio calvo, se limpiaba el sudor con un pañuelo, se veía pálido; en la estación correspondiente al Estadio Azteca, el hombre cayó al piso en cámara lenta, desmayado, me sorprendí, quedé de una pieza; afortunadamente la joven guapa y dos personas más sabían qué hacer: la joven le echaba aire fresco con su agenda, otro pasajero le sostenía la cabeza y otro más le puso la mano sobre el pecho para oír su corazón... el desvanecimiento duró un minuto, el desmayado volvió en sí y dio las gracias. Este tipo de acciones solidarias es cada vez más frecuente en la ciudad, ahora recuerdo otras que contaré en otra ocasión. Paradójicamente, el incidente me dio oportunidad de empezar a platicar con la joven, de verla a los ojos, de oír su voz... terminé por regalarle un poema porque me bajaba en la siguiente estación.
Al verme
en el espejo
veo el vacío.
Este poema del libro "Luna bajo el árbol", publicado este mes por el FCE, vino a mi memoria ayer, cuando en La jornada publicaron la foto de un hoyo negro del cual salían hilos de agua que semejaban una fuente; el pie de foto explicaba que esos hilos eran gases que contenían los elementos que componen la vida, luego entonces, los hoyos negros, famosos por tragarse la materia del universo, pueden ser en realidad, la fuente de la vida. Tras el motivo de la foto se veía el vacío, es decir, el inmenso espacio sideral, poblado con unos cuantos cuerpos astrales, entre ellos los planetas que se parecen a la tierra, como decía antier y nuestra pequeña casa, dependiente del sol. También es un vacío el átomo. El ser humano, hecho de materia, debe ser un vacío. Tal consideración no llevaría a relativizar el valor de nuestra propia vida: todo es un vacío, por lo tanto, no somos tan importantes, nuestra vida no es tan trascendente; alguien puede concluír diciendo: "Vivámosla, pues, tranquilamente, disfrutémosla", y tendrá razón.
El poema anterior fue escrito hace diez años; algunas veces, cuando uno se levanta, va a ver su imagen en el espejo: yo vi algo sin significado alguno, algo que no me decía nada; me dí cuenta de que eso soy... Tal perspectiva me permite ver a los elementos de la naturañeza y las relaciones entre ellos... Quizá el poeta no sea sino alguien que registra imágenes, como en mi caso, o registra ideas o sílabas sonoras, como otros poetas.
sábado, 28 de abril de 2007
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