Alberto Blanco es, para mí, el mejor poeta mexicano vivo.
Antes de seguir, quiero aclarar que el texto anterior no lo escribí por vanidad, sino como en el caso de Blanco, tratando de aclarar un poco lo que algunos lectores de mis textos me han dicho: "No los entiendo bien"; recordemos que, en el arte contemporáneo, el poeta propone un cincuenta por ciento; el otro, corresponde a la interpretación del lector, de esta maravillosa manera el lector se convierte en creador. Otra pertinente aclaración es que cuando me vine a vivir a Xochimilco, dejé atrás, y en paz, a una familia: una esposa y dos hijos con quienes desayuno cada domingo; soy abuelo de una única nieta; por cosas del destino, tres de los cuatro integrantes de la familia vivimos solos.
Me enteré de la existencia de Alberto Blanco cuando leí en La jornada, en 1990, que su obra sería editada por la más prestigiada editorial de poesía neoyorquina; el libro, mismo que ahora tengo enfrente, es una antología titulada "Amanecer de los sentidos".
Alberto nació en 1951y es un ente difícil de ver, sólo platico con él cuando se presenta en público: le pido que corrija algunos de mi textos y comentamos acerca de sus actividades como miembro del Sistema Nacional de Creadores: para algunos escritores el Estado mexicano es un Mecenas, no para la mayoría; en mi caso,vivo de la jubilación como profesor, lo cual me evita andar buscando "chambitas".
Alberto fue pianista de un grupo de rock en su adolescencia; el libro que tengo en mis manos, del cual transcribiré tres poemas, está dedicado a sus padres, a su esposa y a sus hijos, de lo cual se infiere que es un hombre feliz.
A semejanza de JEP, Alberto ha publicado diez libros de poesía, pero quizá no es tan conocido porque no es tan fácil de entender, digamos que no es como Jaime Sabines:
1
La muerte
reparte
uniformes
Es el mismo
patio
para todos
En
la única hora
de ninguno.
2
Muy
pronto
para actuar
Muy
tarde para
retirarse
Sólo
quedan
los testigos.
3
La
puerta
es estrecha
El
camino
es estrecho
La
noche es
interminable.
La primera vez que leí el libro no entendí nada, pero empecé a analizar verso por verso y, por ejemplo, en el primer texto, de nueve líneas, me parece que las primeras tres se refieren a los esqueletos, las segundas al panteón y las últimas a la muerte, latente siempre en nosotros, tema básico de la poesía desde Góngora y Quevedo, pasando por Darío, continúando con los poetas actuales.
lunes, 4 de junio de 2007
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