¿A dónde te escondiste
amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huíste
habiéndome herido;
salí tras tí clamando y ya eras ido.
Este es el inicio de Cántico, un largo poema de San Juan de la Cruz, el poeta místico español por excelencia; quien hace la pregunta es el alma del poeta, el ciervo es Dios; para este autor el amor espiritual se consuma con la unión de Dios y el alma. Esto nos lleva a una cuestión quizás irresoluble: dónde están Dios y el alma, físicamente hablando.Vayámos ahora al clímax del poema:
Allí me dio su pecho,
allí me enseñó ciencia muy sabrosa,
y yo le dí de hecho
a mí, sin dejar cosa;
allí le prometí de ser su esposa.
Y consumada la unión, alma y Dios juntos caminan:
Gocémonos, Amado,
y vámonos a ver en tu hermosura
al monte y al collado,
do mana el agua pura;
entremos más adentro en la espesura.
Caminan, recorren el campo porque es la expresión misma de la divinidad, la creación pura. Es evidente que el poeta no se cuestiona la existencia del alma. Ahora usamos el término espíritu para expresar cómo nos relacionamos con Dios, pero al igual que el alma, el espíritu es ilocalizable. De una manera sencilla podemos decir que aquéllo que intenta comunicarse con el ser divino se llama espíritu o alma, que eso es lo que aflora cuando, por ejemplo, la gente está en la misa, olvidado de los intereses mundanos como dinero, posición social, etc.
Gandhi declara los siguiente:
"Para mí, Dios es verdad y amor, es el bien, la fuente de la moral."
Podemos concluír, pues, que Dios es un guía, un modelo a seguir para nuestra vida, la cual debe estar llena de amor, bien, verdad, según San Juan de la Cruz y el inmenso Gandhi.
domingo, 15 de julio de 2007
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