"Tea amo", ¿Cuántas veces no hemos dicho esto o hemos oído decirlo? Siendo un sentimiento universal, lo particularizamos en un sólo ser que creemos amar, aunque tiempo después lo dejamos de amar o él nos deja de amar y viene la separación, la cual demuestra que nuestro amor era una ilusión que sólo existió en nuestra cabeza. Antes de concluír con este tema y siguiendo con el anterior, mencionaré a otro poeta místico español, Fray Luis de León, quien habla así del alma y su morada:
Morada de grandeza,
templo de claridad y hermosura,
el alma que a tu alteza
nació, ¿qué desventura
la tiene en esta cárcel baja, oscura?
Es decir, el cuerpo es una prisión para el alma, el fraile agrega:
¡Ay! Despertad, mortales;
mirad con atención en vuestro daño.
¿Las almas inmortales,
hechas a bien tamaño,
podrán vivir de sombras y de engaño?
Es decir, si nos ocupamos del cuerpo y no del alma, vivimos engañados; Fray Luis concluye:
¡Ay! Levantad los ojos
a aquesta celestial, eterna esfera.
Igual que San Juan de la Cruz, el poeta dice que la naturaleza es la comprobación misma de que el alma anhela unirse a su creador:
¡Oh, campos verdaderos!
¡Oh prados con verdad frescos y amenos!
Regresando al principio, si vivimos entre las "sombras y el engaño", lo único que nos puede redimir es el amor, pero el amor carnal, el que persigue la perpetuación de la especie en la Tierra, nos alejará del amor divino. En las iglesias vemos a gente anciana, que busca a Dios porque los intereses de su cuerpo casi han desaparecido, no vemos a los jóvenes porque ellos están inmersos en los placeres mundanos. Quizá todos vivimos ambas etapas, quizá el "Te amo" se seguirá escuchándose hasta el fin de los tiempos, acerca de esto profundizaremos la próxima vez.
jueves, 19 de julio de 2007
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